El que espera desespera

Ya decía Luis XIV, allá por el siglo XVII, que “la puntualidad es cortesía de reyes, deber de caballeros, hábito de gente de valor y costumbre de personas bien educadas”. Y es que el impuntual, además de demostrar escasa organización en sus quehaceres y una falta de consideración hacia los demás, es el ladrón de tiempo más eficaz que puede haber.

En Panamá existen otras virtudes, pero la puntualidad no es una de ellas. Y además, pretender que así sea es como darse contra un muro. Bien es cierto que España tampoco es un ejemplo a seguir en esto de la puntualidad. De hecho creo conocer a más de uno que aquí se sentiría como pez en el agua. O quizás no, ya que el impuntual tiende a enojarse en exceso cuando es él el que sufre esta falta de respeto.

Cuando hablo de impuntualidad, no me refiero a los 10 minutos de cortesía o a que sea algo ocasional. Es muy probable que la persona con la que acordaste un encuentro se retrase una hora; incluso puede ocurrir que nunca llegue a aparecer sin que haya una explicación de por medio. Conozco varios casos de primera mano en los que la persona en cuestión parece haber sido engullida por la tierra y nunca más he vuelto a saber de ella. Se esfumó. Así, sin más.

Y si no resulta suficiente, también existen expresiones que no hacen sino acrecentar el malestar ante la espera. Así pasa con el tan repetido “ya estoy llegando”. Pese a la obviedad de su significado, esta frase solo expresa que la persona en cuestión se dispone a salir de casa, de la oficina o de donde quiera que esté, pero en absoluto es signo de que vayamos a verla aparecer en unos minutos doblando la esquina.

De igual forma, el ahora o ahorita –más común por aquí-, tampoco trasmite esa inmediatez con la que nosotros conocemos esta palabra. Puede significar varios minutos, incluso alguna que otra hora o que en ese preciso momento la persona en cuestión se pondrá a realizar una tarea que ya debería estar lista.

Sin duda hay honrosas excepciones y también hay personas que respetan el tiempo de los demás, pero la mayoría cumple con la mencionada impuntualidad y atribuyen cualquier retraso a la pesadez del tráfico y a los tranques (atascos) constantes que soporta una ciudad con un parque automovilístico que está muy por encima de su infraestructura.

TRANQUE PANAMEÑO

Típico tranque panameño

No sé si con la puesta en marcha de la nueva red de metro, este problema -que solo lo es para los que no somos de aquí- se mitigará. O simplemente tengamos que aceptar que es una característica más del carácter panameño, al igual que lo es su pasión por la música, el cebiche y el buen ron.

2 Respuestas a “El que espera desespera

  1. Qué vaina esta! Jajaja Si en algún momento mejora el tranque la otra excusa muy utilizada ya, serán las lluvias y para esa, sí que no hay remedio posible.

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